Este tipo de pintura si lleva
una firma conocida puede valer cifras de cinco dígitos y si el pintor esta
muerto más. Se puede contemplar en
museos de alto nivel comprados con dinero público, o sea, ese que tú y yo pagamos
cada vez que respiramos y también en ferias internacionales presentados por
galerías de campanillas. También la
podrás ver en cualquier revista de decoración de esas en las que salen esas casas
que ni tú ni yo podremos tener nunca. En estas publicaciones casi siempre
aparecerá el cuadro encima de un carísimo sofa blanco de piel de diseño italiano
-ma che bello è il disegno italiano-,
o coronando una chimenea inglesa o añadiendo su contrapunto super moderno a la
barroca forma de un bargueño del siglo XVII. Otros sitios en los que se pueden
admirar estas maravillas del arte de vanguardia son los despachos oficiales de
políticos con cartera y presidentes de grandes bancos o multinacionales.La
jerga que acompaña siempre a la descripción crítica o ilustrativa de este tipo
de pintura se compone de expresiones como:”Propuesta
de desestructuración matérica”; “Dislocación
conceptual retroalimentada”; “Regurgitación
del espacio pictórico” o también la sublime “Búsqueda incesante de una nueva visión objetiva que nos libera de la
simplicidad de lo global para adentrarnos sin compasión en el cáos de lo íntimo”,
en fin, el arte de vanguardia es así y no se puede hacer nada si no admirarlo
sin pretender conprenderlo.
Esta maravilla que hoy presento no está en ningún
museo ni casa de millonario ni despacho oficial, está en la esquina de la
fachada de un hotel, en Alicante (España) y es muy grande, requisito indispensable para cualquier obra de vanguardia que se precie. La fotografía que hice no da idea de la riqueza de las texturas y de las sutiles modulaciones del color (esto queda muy bien). Es una obra colectiva creada por el
azar, el tiempo, la sal dal mar, el oxígeno en combinación con el hierro y no
sé cuantas manos anónimas que han estampado su firma y la firma es como dijo Betty Edwards, la primera
y más original obra de arte que todos podemos hacer. Destaca sobre todas las
demás la de alguien llamado Alberto Barzano…Alberto, si por casualidad llegaras a leer
este blog, has de saber que desde que descubrí tu arte eres uno de mis ídolos,
te doy las gracias por dejarnos disfrutar gratis de esta maravilla en la que
tienes la obra delante y el Mediterráneo detrás y no te preocupes si no sabes
ni como se sujeta un pincel por que en tu mismo caso están muchos que tienen
obras colgadas en museos y despachos y eso da lo mismo. También creo mi deber decirte que si en vez de ser alguien anónimo fueras un artista conocido, esta obra valdría millones, pero amigo, casi es mejor así.
Creo que mi deber es
hacer lo único que puedo hacer por ti y por los que colaboraron en esa obra y
que es dejar constancia en mi humilde blog de vuestra aportación al arte
contemporáneo. Como no tiene título me voy a permitir dárselo con tu permiso ya
que parece que he sido el primero en descubrirla, a partir de ahora esa
magistral obra se llamará: “Albert’s wall” y lo pongo en inglés por que parece que
da más caché y por que le va de perlas.
Espero que esta no sea la última obra anónima y maravillosa
que descubra para poder mostrar, sea tuya o de cualquier otro que, sin saberlo,
debería figurar en libros de a cien euros el kilo.
Los gallegos los llaman
“morriña” y los poetas “nostalgia” y cada vez tengo más de eso por los 70. No
por la edad que tenía en los 70, que era la de un adolescente granujiento y
rarito, si no por la maravilla que fueron aquellos años, sobre todo en la
música. En esa epoca prodigiosa que en realidad empezó unos años antes y
terminó unos pocos después -da igual, son los 70- confluyeron las mejores
mentes que ha habido nunca en la música.
Harían falta cien blogs como este para hablar de todos los que fueron,
pero no puedo dejar de mencionar a algunos de los que aún me siguen emocionando
cada vez que pongo el cd y que por entonces escuchaba en vinilo. En esos años
estuvieron los Led Zeppelin, Pink Floyd, Jethro Tull, Who, Yes, Génesis,
Santana, Cat Stevens, Cohen, Fletwood Mac, Black Sabbat, Hendrix, Queen, mis amados
King Crimson, los irrepetibles Beatles que se separaron apenas comenzó la
década y tantos y tantos otros. Miles de
notas escritas e interpretadas con autenticidad y sentimiento, miles de horas
de música compuesta por monstruos irrepetibles…¿Qué conjunción se tendrá que
dar para que se repita algo así…?, no sé, pero con haber vivido aquella ya me
vale.
Si ha habido una ciudad unida a una época esa es Londres y los 70. Yo no pude viajar a Londres hasta muy mayor
por que entonces no era tan fácil…”Papá que me voy a Londres” y tu padre te
decía que si estabas loco, pero mucho después, cuando estuve allí me di cuenta
de que el espíritu de los 70 seguía como yo lo había imaginado. Por las calles de ese Londres brumoso y
agrisado caminaron los que me dieron y me siguen dando tanta felicidad y en
memoria de los vivos y de los muertos, que nunca lo estarán del todo, he pintado
a Londres entre la eterna niebla de los 70.
La niebla siempre ha sido tema en
el cine, en el teatro, en la literatura y por supuesto en la pintura. Su manto
suave y húmedo atenua los sonidos, acalla los ecos y suaviza los colores hasta
hacerlo todo de ese color gris que debería figurar en las cartas estándar de
colores como “gris nostalgia”. A mí, como
soy muy miope, me encanta la niebla por que me iguala con las personas que
tienen vista de lince y durante el tiempo que dura soy tan vidente como el que
más. En la niebla todos somos iguales y
nos podemos perder igualmente, por que veas lo que veas la niebla no te dejará
ver más allá de lo que ella quiera dejarte ver.
He pintado este tranvía surgiendo de la
niebla, en un páramo de los arrabales de cualquier ciudad industrializada. Diríase
que va vacío y sin que nadie lo conduzca, como esos buques fantasmas de las
leyendas. Puede que suba algún viajero algo más adelante o tal vez se deslice
por sus railes eternamente, recorriendo incansable la misma vía entre la
niebla, esperando recoger algún pasajero que nunca llega. ¿Es una escena triste? Yo
diría que más bién produce melancolía, ese pequeño cáncer de las emociones que
no mata pero que te induce una y otra vez a pensar en el pasado brumoso que
todos tenemos, a ese que recuerdas como en medio de una gris y densa niebla y
en el que te ves a ti mismo esperando subir a un tranvía que tal vez nunca llege…pero
aquí lo tienes, se acerca surgiendo de la bruma con un sonido métalico. ¿Te vas a subir? Decidas lo que decidas no conocerás jamás el
resultado hasta después de haber decidido.
No sabes hacia donde te llevará si te subes, y si no, tampoco sabes si
volverá a pasar otro o ya nunca más volverás a tener la oportunidad de conocer
que espera más allá de la niebla.
Parece que la vida no es más que un tranvía que surge de la niebla.
La lucha de todo aquel que se
interna en los caminos de la pintura es doble, en primer lugar hay que aprender
a hacer de todo y con todas la técnicas posibles, hay que buscar y probar
incansablemente temas, motivos, ambientes, y mucho más tarde tal vez elegir una
pequeña parte de lo que el mundo exterior y el interior nos ofrecen para ser
representado, por que elegir de más es una locura. El otro camino y el más
difícil es el de la búsqueda de un lenguaje propio de expresión, lo que llaman
el estilo y que hace que un cuadro sea identificado enseguida como hecho por
una mano concreta. El estilo sería como la forma de escribir de cada persona,
todas son distintas pero algunas hacen que al leer sintamos un placer especial
y si una cosa sé es que es muy difícil adquirir un buén estilo o incluso adquirir
simplemente un estilo.
A un intento de búsqueda de ese
estilo, pertenece este cuadro pintado al oleo con espátula y en
el que he intentado representar una grácil Ondina esa bella ninfa acuática de la leyenda
germánica que por supuesto tiene su réplica en la inacabable mitología griega
con las Nayades. Aquí me he empeñado
en usar armonías de colores complementarios para conseguir una luz peculiar. He hecho anteriores intentos en esta búsqueda
de un estilo. En oleo el primero fue “Electra Lunar”, título que no me acaba de
convencer, el segundo “Mujer al sol” que aún me convence menos, y además dos
pasteles “Mujer en Rojo” y “Mujer en azul”…¿para qué voy a pensar más? No sé si conseguiré afianzar y depurar este
estilo pero de lo que sí estoy seguro es de que esta serie sólo va a constar de
figuras femeninas por que la mujer es una fuente inagotable de
inspiración. El cuerpo femenino es por si
solo el mejor tratado de geometría y en él se puede aprender todo sobre la
esfera, la elipse, el óvalo, la tangente…por eso hay que acercarse al cuerpo
femenino con reverencia y respeto, por que es un templo sagrado de una sabiduría
que se renueva constantemente y sobre todo, por que dentro de todo cuerpo
femenino hay una mujer y eso ya son palabras mayores.
El huevo es la forma geométrica
esencial de nuestro universo. Los
cuerpos celestes describen casi siempre
órbitas elípticas y es a partir de la forma bi-dimensional elipse como
se produce un ovoide tri-dimensional o huevo.
Nosotros mismos nos formamos antes de nacer en el útero de la madre que
adquiere durante la gestación forma de huevo y gran cantidad de animales se
reproducen mediante huevos.
Así que no he tenido más remedio que pintar un huevo,
roto, eso sí, por que un huevo de gallina entero no tiene mucho interés
pictórico. Roto ya es otra cosa, por
que con suerte la cáscara quebrada deja paso a la yema entera que aunque casi
esférica en el interior, cuando se asienta adquiere la forma de un casquete
polar…Interesante ¿no? Pero es que
además el huevo tiene en nuestro idioma una importancia tremenda. Veamos. El
hispánico machismo se ha apropiado de la similitud de imagen de un huevo con un
testículo para usar expresiones como “Por
mis huevos”, indicando que no se piensa cambiar de opinión; “Tiene muchos huevos” aludiendo a la
valentía o coraje de otro o si no los tiene a su falta de lo mismo; “Echarle huevos”, que viene a ser lo
mismo, etc. En cambio si se dice: “Qué huevos tiene” se está aludiendo a
la flojera física o moral de alguien…y si se matiza: “Es un huevazos” se indica
un grado extremo de desidia del sujeto aludido. También tenemos el famoso “Lo tengo a huevo”, indicando una oportunidad
irrepetible de conseguir algo, el popular “Manda
huevos”, refiriéndose a una situación complicada o que se sale completamente de madre y
que hizo aún más famosa un conocido Presidente del Congreso de los Diputados
(bueno y de las Diputadas), o la camaleónica muletilla “Un
huevo”, expresión que en si misma dice cosas como que se ha trabajado
mucho, que algo es muy abundante, que algo está muy lejos, que ha pasado mucho
tiempo…en fin una maravilla de comodín. Eso sí, se añade una “y” como en “Y un
huevo”, se está diciendo que "no" de manera tajante.
Una expresión tan elaborada que se puede
decir sin pronunciar palabra es “Tenerlos
de corbata” -los huevos-, para lo cual el sujeto que dice tenerlos así
forma una pinza con sus dedos índice y pulgar alrededor de su laringe indicando
que tiene o tuvo mucho miedo y que debido a eso sus testículos han recorrido un
largo trayecto desde su alojamiento natural hasta la garganta...¿No es
maravilloso?. La verdad no sé el origen
de esta imaginativa forma de expresión que combina palabra y gesto pero me
encantaría saberlo si alguien me lo quiere contar.
Desde luego hay que reconocer
que el castellano (lo llamo así por que
en este caso si es español castellano y no de otro país) tiene una imaginación
tremenda para integrar conceptos extraños entre sí. Resumiendo: Para poder pintar bien “hay que
pintar un huevo”.
Nunca antes había estado en una
manifestación, ni en contra ni a favor de nada de ni de nadie, sin embargo algo
me decía que en esta sí debía estar por el motivo real de la manifestación: La
vida. Allí no se estaba discutiendo
sobre una ley, ni sobre un partido, ni sobre personas, por que todo eso es
pasajero, las leyes se cambian, los partidos desaparecen y las personas también, pero la vida no. La
vida pertenece a una categoría superior a la del hombre y existe antes de que el
primer hombre apareciera sobre la Tierra.
Así pues el hombre no puede poner en cuestión a la Vida y para defender
eso no hay que usar ni un solo argumento, sea moral o ético, físico o
metafísico, ontológico o deontológico, teológico o antropológico, religioso o
agnóstico…y no lo pienso usar ni ahora ni nunca por que no es necesario. La vida
está por encima de nosotros y de nuestro entendimiento y es un don que hemos
recibido gratis y sin pedirlo. Nadie que
sea humano tiene autoridad ni conocimiento alguno como para poner esto en
cuestión por qué, insisto, la Vida es un concepto superior a lo que ningún ser
humano podrá entender jamás.
Lo único que si sé es que si la
madre de este niño que he pintado, y que extasiado se deja mecer por las olas
del Mediterráneo, hubiera decido no dejar que la Vida siguiera existiendo en
él, este niño no existiría, yo no habría conocido a su madre, este cuadro no
existiría, este blog tampoco, ni probablemente yo pintaría y ¿quién sabe?, tal
vez tampoco el futuro descubridor de una maravillosa cura contra el cáncer, de una
forma de energía barata y realmente limpia o de una idea genial para sembrar
los jardines con cesped anti-alérgico…por que no habría llegado a nacer. Multiplíquese esta probabilidad por
centenares de miles de vidas perdidas y piénsese si al poner en cuestión a la
Vida, no nos estamos perdiendo tal vez nuestra propia salvación como especie
hastiada de si misma y tan enferma de soberbia como para poner en cuestión a la
propia Vida que nos creó. La Vida es
sobre todo Probabilidad y si nos privamos de ella estamos atentando gravemente
contra nosotros mismos como especie que, tocada o no por la mano de algún Dios,
casi ya no se merece ocupar el lugar que ocupa.
Si hay algo básico en la vida,
por supuesto después del agua, eso es el vino.
El vino, que ya aparece en el Génesis y cuya invención,
como la de todas las cosas importantes, no se puede atribuir definitivamente a
tal o cual cultura, es ese líquido portentoso que nos regala la uva combinando
en ciclos anuales la pura energía del Sol con el alimento mineral de la Tierra
para convertirse en esa maravilla que todos conocemos.
El vino es amigo del hombre y la palabra “amigo” siempre ha venido
acompañada de una copa de vino. Es
inconcecible una celebración, reunión o comida sin que el vino esté
presente. Pero si todo quedara ahí,
sería demasiado simple. El vino trasciende además lo humano por que fue elegido
por Jesucristo como representación de su propia sangre, aquella que derramó por
nosotros y que a la vista de los acontecimientos hace pensar si no fue un
gesto inútil. Nuestra tierra es tierra de
vinos y de soles y mucho antes de convertirla en un mosaico hortera de hoteles
playeros, debió ser parte de aquello que los antiguos griegos llamaron Jardín
de las Hespérides o
Hesperia, región situada donde se ponía el Sol y en la que, además de las
famosas manzanas de oro, debía haber ya viñedos y vino. Afortunadamente, hoy en día lo sigue habiendo
y cada vez más y mejor. El vino como
tantas otras cosas de las de toda la vida es una fuente inagotable de ventajas
para nuestros machacados cuerpos. El
último descubrimiento está relacionado con algunos principios
activos del vino que actuan impidiendo el envejecimiento celular, pero yo estoy
seguro de que todo eso ya era conocido antes de que los tatarabuelos de nuestros
tatarabuelos hubieran siquiera sido engendrados. He querido representar el inicio
del complicado proceso de la elaboración del vino precisamente por el
principio, con este vendimiador cargado con su canasto lleno de uvas. Apenas amanece y él ya camina entre las
cepas teñidas de colores otoñales, indiferente a todo y con la mirada fija en
ningún punto. Seguro que es un hombre de
bien por que le gusta el vino. Una vez
escuché decir a alguien que no había que fiarse de quién dijera que no le gusta
el vino. Opino igual y añado por mi
cuenta que tampoco de los que digan que no les gusta el jamón.
He encontrado similitudes entre
las principales técnicas pictóricas y los más conocidos instrumentos musicales.
Si has estudiado algún instrumento o eres aficionado a la música y además lo
eres a la pintura o pintas, tal vez esto te llame la atención y te anime a buscar nuevas similitudes.
El oleo. El oleo es a la pintura lo que el piano a la música. Con el oleo se puede hacer
todo y cualquier cosa aunque ni siquiera la cosa exista en el Todo hasta que la
hayas pintado. Admite infinidad de tratamientos, estilos, escuelas, se puede
mezclar con casi cualquier materia y es persistente en el tiempo. Se pueden
pintar cuadros diminutos o gigantescos, como aquellas titánicas obras que pintó Sorolla para la Hispanic Society y que pudimos admirar en el Prado
hace no mucho. Cualquiera aunque no haya pintado jamás, puede coger un lienzo
en blanco, un pincel y algunos colores y he aquí un cuadro, aunque no sea un
buen cuadro. Igual ocurre con el piano, puedes saber solamente tocar una
melodía sin acompañamiento, tal vez un villancico o una canción de los Beatles,
de esas que con sólo cinco notas son capaces de erizarnos el vello, o
puedes tocar -sólo si eres un virtuoso-, una inextricable pieza de Albéniz
o una misteriosa escala de Bartók, pero seas un Pollini
o totalmente lego, si tienes un piano delante y tocas a la vez tres teclas alternando
un hueco entre cada una, te sonará siempre un acorde consonante y perfecto. El oleo es igual, es puro
agradecimiento al color como el piano lo es al sonido y la lista de maestros
que lo han al elevado al puesto que hoy tiene en la pintura es tan larga que no
cabría en este blog, pero para un ejemplo valdría este de Vermer que utililiza en su publicidad un conocido fabricante de
yogures. Como el oleo -y su hermano pequeño, el acrílico-,
es tan conocido por todos, no diré más.
La acuarela. La acuarela es como un violín. No tiene la potencia cromática del
oleo, pero su delicadeza y su poder transmisor de la luz que refleja el papel, la
convierten en un medio con el que se pueden crear obras de una belleza frágil y
eterea como la de una gheisa. El problema es que esto sólo está reservado a
unos pocos, los que tienen la paciencia necesaria para esperar que la acuarela
les revele sus secretos entre susurros y guiños. Igual ocurre con el violín ese
instrumento que hasta que no se toca a la perfección es totalmente
insufrible. El violín no tiene la
potencia sonora del piano pero a cambio posee un sonido penetrante y que se
abre paso en medio de cualquier orquesta.
Una de sus mayores dificultades es que el intérprete tiene que
colocar los dedos en el lugar exacto en función de las notas que quiera obtener
y cualquier diferencia milimétrica en esta afinación produce disonancias insoportables. Sin embargo, cuando el violín está
acariciado por unas manos sabias, es un instrumento maravilloso capaz de
hacernos casi levitar. Si no sabes
tocar el violín hagas lo que hagas no sonarán más que maullidos de gato, pero
si tienes paciencia y estudias mucho a lo mejor puedes interpretar a Paganini algún siglo de estos. La acuarela es exactamente lo mismo, necesita certeza y la paciencia de un chino, pero si tienes esto y además algo de talento,
puedes detener el Sol en su puesta, captar el sonido del viento en un árbol y
cosas igualmente interesantes y misteriosas. Han usado la acuarela desde Durero a Turner y en nuestros días
sigue encandilándonos a todos. Quién
tenga la suerte de tener una buena acuarela en su casa que sepa que tiene un
pequeño tesoro y que todos los días la mire y se acuerde de su autor y si el
autor ha sido uno mismo, con más razón.
El pastel. El pastel es una guitarra. La guitarra en su concepción como tal
es más antigua que los otros dos citados y el único instrumento en el que no existe
nada intermedio entre el músico y el propio instrumento y si no te lo crees
echa cuentas…teclas, macillos y resortes a cientos en el piano, el arco en el
violín, válvulas en los de viento, baquetas y mazos en las percusiones y hasta
el martillito del triángulo…En éste sólo las manos y el instrumento, digamos
que es percusión pura pero elevada a la enésima potencia. La guitarra no alcanza un gran volumen
sonoro como el piano ni la aguda penetración del violín pero su capacidad
polifónica es tan excepcional como la dificultad que presenta su aprendizaje.
Su sonido es dulce y cercano a nosotros por su rango tonal tan parecido al de
la voz humana que hace que puedas escucharlo durante horas sin que resulte
cansino, sin embargo todo el mundo ha tenido una guitarra en las manos, la
ha intentado tocar y ¿que ha pasado?…Nada. Sólo un rasguido monótono parecido al
de una pandereta con cuerdas. Pero si
quién lo toca es un buen guitarrista oiras la magia hecha música. Una de las obras cumbres escrita para
guitarra es El Concierto de Aranjuéz, en la que el maestro Joaquín Rodrigo llevó este instrumento al puro orgasmo
musical de principio a fin. El pastel puede ser algo así. Como la guitarra, es el
medio más antiguo de los tres ya que fue usado en forma de pigmentos naturales
por nuestros antepasados hace miles de años en lugares como Altamira
o Lascaux. En el pastel no
hay disolventes, ni texturas, ni aceites, ni agua, ni enmascaradores, nada
salvo el papel y esas barritas
y se pinta con ellas y con los dedos. Es
pigmento puro mezclado con cierta clase de arcilla y aunque no tiene la potente
capacidad mimética del oleo ni la transparencia lumínica de la acuarela, posée
una cualidad casi táctil como de terciopelo o seda, que no tiene ningún otro
medio. Los colores pueden ser nítidos o graduados en infinidad de tonos y
permanecen inalterables durante muchísimos años, pero por el contrario son muy
delicados y no toleran la intemperie, por eso el pastel debe estar protegido
por un cristal, como una guitarra debe ir a su estuche cuando no se toca. Han habido muchos artistas que usaron el
pastel pero el mejor fue Degás, que muy lejos de la cursilería con que
algunos pintores habían estado usando este medio, lo llevó a la cima de su
estilo, dotándolo de una fuerza y una expresividad que debe intentar imitar
cualquiera que pretenda usar este medio. Ignoro
si le gustaba la música de guitarra pero es muy posible que así fuera. A mí por supuesto me encanta.
Queridos amig@s, me hallo en plena mudanza o sea, me cambio de casa. La parte mala, la mudanza en sí. La parte buena, que estaré en mejor lugar. Durante un tiempo que espero sea corto, no podré pintar, pero en cuanto me instale y tenga listo mi nuevo estudio volveré a hacer de las mías todo el tiempo que el resto de mis ocupaciones me permita. Voy a tener más sitio, mucha y mejor luz y sobre todo muchisimas ganas de seguir por este camino.
Esta acuarela que he puesto como ilustración y que tiene alguna reminiscencia constructivista o así, la hice hace nada menos que treinta años, cuando tenía una buena mata de pelo tapándome la cartulina. La titulé "El Adios", pero en este caso le cambio el nombre y la titulo "Hasta pronto".
Pues eso...Hasta muy pronto.
El mayor reto al que me he
enfrentado hasta la fecha en mi exploración de este medio pictórico que cada
día me atrae más.Mientras lo estaba
haciendo me venía a la cabeza la imagen de una gota de sudor resbalado por la
nariz de este campesino, cayendo salada y densa, encima del manojo de espigas
que intenta recoger.Una mañana de
agosto con el sol triturando sin contemplaciones cuanto se pone debajo y sin
más consuelo que un botijo, que debería de andar por ahí cerca y una sandía colocada
debajo de algún sombrajo. Nada existe más lejos de nuestra realidad digital y
cuadriculada que este campesino de brazos requemados de soles y largos como
sarmientos. Nada más opuesto a nuestra vida hecha de pequeñas y absurdas
necesidades que la simplicidad de este campo de trigo, que se reproduce a si
mismo desde los tiempos remotos en los que alguien le dijo a alquien que si
plantaba aquel diminuto grano en la tierra, ya nadie volvería a pasar hambre. A
partir de entonces, la tierra empezó a tener valor y el hombre que la cultivaba
dijo: “Esta tierra es mía.”Después vino todo lo demás, incluído el pan, las rosquillas, que me encantan, y otros importantes temas que exceden el cometido de este blog.
Este premio me lo ha pasado la pintora Teresa Catalá (click en la imagen para ver su blog) a quién estoy muy agradecido e igualmente yo se lo pasaré a otros.