El mayor reto al que me he enfrentado hasta la fecha en mi exploración de este medio pictórico que cada día me atrae más. Mientras lo estaba haciendo me venía a la cabeza la imagen de una gota de sudor resbalado por la nariz de este campesino, cayendo salada y densa, encima del manojo de espigas que intenta recoger. Una mañana de agosto con el sol triturando sin contemplaciones cuanto se pone debajo y sin más consuelo que un botijo, que debería de andar por ahí cerca y una sandía colocada debajo de algún sombrajo. Nada existe más lejos de nuestra realidad digital y cuadriculada que este campesino de brazos requemados de soles y largos como sarmientos. Nada más opuesto a nuestra vida hecha de pequeñas y absurdas necesidades que la simplicidad de este campo de trigo, que se reproduce a si mismo desde los tiempos remotos en los que alguien le dijo a alquien que si plantaba aquel diminuto grano en la tierra, ya nadie volvería a pasar hambre. A partir de entonces, la tierra empezó a tener valor y el hombre que la cultivaba dijo: “Esta tierra es mía.” Después vino todo lo demás, incluído el pan, las rosquillas, que me encantan, y otros importantes temas que exceden el cometido de este blog.
De entre todas las cosas inútiles el Arte es la única imprescindible.
sábado 19 de septiembre de 2009
La cosecha (Pastel en 65x50)
El mayor reto al que me he enfrentado hasta la fecha en mi exploración de este medio pictórico que cada día me atrae más. Mientras lo estaba haciendo me venía a la cabeza la imagen de una gota de sudor resbalado por la nariz de este campesino, cayendo salada y densa, encima del manojo de espigas que intenta recoger. Una mañana de agosto con el sol triturando sin contemplaciones cuanto se pone debajo y sin más consuelo que un botijo, que debería de andar por ahí cerca y una sandía colocada debajo de algún sombrajo. Nada existe más lejos de nuestra realidad digital y cuadriculada que este campesino de brazos requemados de soles y largos como sarmientos. Nada más opuesto a nuestra vida hecha de pequeñas y absurdas necesidades que la simplicidad de este campo de trigo, que se reproduce a si mismo desde los tiempos remotos en los que alguien le dijo a alquien que si plantaba aquel diminuto grano en la tierra, ya nadie volvería a pasar hambre. A partir de entonces, la tierra empezó a tener valor y el hombre que la cultivaba dijo: “Esta tierra es mía.” Después vino todo lo demás, incluído el pan, las rosquillas, que me encantan, y otros importantes temas que exceden el cometido de este blog.
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Me parece sentir el olor tan particular del trigo recién segado.Excelentes el cuadro y el post.
ResponderSuprimirSaludos
No solo se puede sentir el olor del trigo y el calor del sol. A mi me parece escuchar a las chicharras del campo en verano que me llevan irremediablemente hacia atrás en el tiempo, a mis veranos de niña lejos de la ciudad. Precioso Carlos, como siempre.
ResponderSuprimirAdemás consigues dar la sensación de movimiento en el trabajo de este campesino. Un abrazo
ResponderSuprimirSencillamente maravilloso, la tonalidad de ese campo de trigo, la posición de ese campesino con su sombrero de paja y esos brazos morenazos. Que bonita obra Carlos ¡me encanta!
ResponderSuprimirMe parece increible lo que logras con pastel, y la presentación del cuadro acorde con el mismo. Enhorabuena y seguire disfrutando de tus obras.
ResponderSuprimirUn saludo
Muchas gracias a tod@s por vuestros ánimos...lo malo es que el listón cada vez queda más alto y a ver hasta donde puedo llegar.
ResponderSuprimirSaludos.
Hola, no se como te llamas... gracias por visitar mi blog y hacerte seguidor, respondo en la misma medida y añado un comentario a este pastel porque me encanta el motivo que has elegido, como lo has realizado y el escrito que has añadido.
ResponderSuprimirSoy una enamorada del pastel y una enamorada del campo. Vivo en Madrid, una capital que atravieso de lado a lado cada dia para ir al trabajo, pero mis raices son de pueblo y campo.
Un abrazo y sigue adelante con tu pintura.